
Ahí estaba, envuelto en seda carmesí. Cada movimiento estaba observado por mi a lo lejos.
Me encandilaba su mirada, me intrigaba su misterio, me enamoraba segundo a segundo
de todo lo que lo conformaba.
Las palabras que salian de su boca no tenian significado para mi, eran solo melodias fascinantes.
En silencio pedí por favor que deje de ser, era más fuerte que yo, cada silencio, cada movimiento, cada palabra,
cada quietud me tentaba.